sábado, 18 de julio de 2009

REIKEANDO EL PAN

Hace un tiempo comencé con mi primer nivel de reiki y puedo asegurarles que siento los cambios, en mí y en todos aquellos en quienes he apoyado mis manos.
Entonces sentí que lo que siempre había hecho mientras amasaba... amar el pan y ponerle "intención" a la tarea, no era tan diferente a dar reiki. Desde ese momento, hago reiki a mis panes.

Un pan es la mezcla exacta y equilibrada de todos los componentes de la Tierra y por ser uno de los alimentos más antiguos tiene la sabiduría del tiempo y de cientos de miles de manos, de fuegos, brazas y rescoldos. Sólo cosas buenas pueden surgir de semejante encuentro.
Aprender todo lo que nos ocurre al amasar, es intentar comenzar por el principio; darnos cuenta de la fuerza, y también de la suavidad de nuestras manos; es sentir cómo todo nuestro cuerpo acompaña esa masa que está empezando a ser.

PANES DEL ALMA

El alma, es ese rincón tibiecito que guarda nuestros secretos, nuestra verdadera identidad, nuestros deseos, nuestra música interior y todo aquello que algunas veces llegamos a compartir.
Un pan del alma, es poner en una masa alguna de esas cosas o todas.
Harina, identidad, agua, música, levadura, amor y sal.
Entre vuelta y vuelta, dejarle nuestro calor y por sobre todas las cosas, la magia de un ser nuevo.
Los panes que aquí comparto, son por distintos motivos parte del alma de algún pueblo, de un amigo o de viejas culturas que trato de no olvidar. Traten de sentir ustedes también, al caminar los caminos del pan, qué alma quieren revivir o crear..

Todo lo leído hasta aquí no tendrá ningún sentido, si al momento de amasar y elegir los elementos para hacer nuestro pan, no incluímos una cantidad elevada y "no proporcional" de amor.
Pueden incluir TODO lo que deseen, cuánto más incluyan, mejor.
El resultado lo verán en el aroma, el color, el volumen, el sabor... y la mirada de agradecimiento y cariño de quién lo reciba.
Una de las cosas más placenteras al hacer pan es que no sólo daremos amor, sino que experimentaremos placer físicamente al realizarlo, la masa es tan suave y tersa que nuestras manos recordarán las caricias dadas y recibidas; tanto será el placer que querremos seguir haciéndolo por siempre.
Al dejar levar la masa sobre la placa que irá al horno y observemos cuánto ha cambiado de tamaño, finalmente comprobaremos cuán vivo está.
Será la vida misma hecha alimento...

QUE ASÍ SEA.




Degustando unos buenos panes en el jardín.

1 comentario:

julia del prado morales dijo...

te felicito, yo aprendo de ustedes, feliz día para ti y para el pan eterno, Julia


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